sábado 21 de noviembre de 2009

Reloj Inverso




Me perfilo ante la existencia como un reloj inverso.

Voy dibujando mis pasos con la plenitud
de saberme muerta luego de nacida,
desanudando el telar de la vida.

Los días se vuelven escabel a lo profundo,
dirigen el rostro hacia un futuro perfectamente cierto.
Los ocasos son amaneceres cuando el tinte del cielo
lleva mi nombre en cada nube - viajera melancólica-
y en cerros quietos que despiden el pasar de la tarde
con olor a greda, y a muerte.

La vida es mi estación de acopio donde paso
acomodando el lastre, cual marinero ebrio,
descargando las miradas, como si fueran peces,
algunas encendidas, brincando, otras, ya rendidas.

La espiral sin fin que penetra el muro del tiempo
persigue incansable saciarse en la cuenca de mis manos,
y vaciar el lastre que carga con muescas
que han quitado lustre al sabor de mi palabra,
pero en el diario fallecer de lo caduco en mi pecho
así como en los nidos secos que dejó el verano,
han de habitar nuevas golondrinas.

Me acomodo ante el saber que ya no fui…
el tiempo de ser alpiste se va con el viento,
o con las aves.

me contento ante la evidencia de que si fui…
habrá un libro que guarde entre sus pieles
el pétalo de un beso mío;

me conformo ante la convicción de saber que soy …
y que el reloj, con certeza, no cambiará su rumbo.

Mi vida es prisma de una sola faz.


Norma Duch Roveri

miércoles 11 de noviembre de 2009

In Blue



…la curva del hombro en sombras,
y el brillo de una lágrima
mojando el silencio…

solo, el espejo atrapa el suave perfil
donde se posó un adiós.

La luz desciende, hasta morir.

Norma Duch Roveri

viernes 6 de noviembre de 2009

Sólo Un Trino



Cavilante y quieta avanzaba la mañana.

Diluido en la niebla, un trino, sólo uno.

…quizás el último atardecer

había segado las otras voces…


El paisaje parecía distraído, surreal,

y el cielo, alfombra parda y deslavada,

olvidaba su propia existencia.

Un trino volvía a cincelar el silencio,

atacaba una batalla de fantasmas,

de arabescos de historias-sueños.


Hojas descosidas al viento y dispersas,

yacían sobre un valle de letras secas.

Pero un trino escribía un nombre,

desafiante e infinito, como semilla al sol.

Retumbaba su trova entre piedras,

entre cáñamos, cortezas y bejucos

que -en otras lunas- abrigaran su corazón,

mas, hoy, dormían la quietud del bosque.


Esta mañana, nada paría, nada,

sólo un trino que, con voz de hambre,

gritaba su nombre: Libertad.


Norma Duch Roveri

domingo 1 de marzo de 2009

EN OCRE


Los párrafos que han escrito mi historia
han quedado en borrador, croquis
dibujados a carboncillo, imperfectas
reliquias presas del horizonte
donde intento hurgar trazos.
La esquizoide idea de que el sello
irrompible de la memoria basta
para escribir un pasado, miente.
Yo veo el suave vaho del olvido
desfigurando, sutilmente, rostros,
calles,
aromas ahogados en besos,
amores.
La memoria desmiembra los cuerpos
que pintaron cada estrofa proferida,
cada anhelo vertido por mis ríos,
cada virtud que me cultivó la vida.
Los párrafos que han escrito esta historia
son telas deslavadas tendidas al sol,
matices, dispuestos a gotear en ocre,
en un terreno que perdió su apuesta
sobre la tersa piel que lo cubría.

Norma Duch Roveri

viernes 20 de febrero de 2009

Imposible Retorno




Viajo un tiempo inconexo, ausente
de territorios de inicio o término,
caduco de aromas. Pareciera
el clímax de una estadía en presente,
proscrita la imagen que me asombre,
sedienta del día que accidente este letargo.

Será, quizás, la hora del reposo,
aquel ilimitado y sin años, perpetuo,
a contar de un pasado amanecer;
será quizás el venir de un nuevo invierno
o la despedida de un febrero más,
con el calor acuartelado en las sienes
y los pies amansando el polvo.

Cautelosa de cada movimiento
que presta el viento, aliviano
las horas desprendidas y ya idas
a contemplar fotografías,
mientras, yo, pausadamente caigo
hacia una nueva noche que me advierte
del imposible retorno.

Norma Duch Roveri

miércoles 4 de febrero de 2009

VALPARAÍSO


Cuelgas de invisibles volantines, hilos,
suspendiendo espantapájaros,
desplegando brazos de latón encalado;
curtiembre de nieblas saladas vistes, tú,
mosaico de adobes risueños,
carmín en las soleras y, los adoquines,
aún vivos suben
en tranvías de algas a la Luna.

Cantan marineras ebrias de sol
calles descolgándose en esquinas,
cual móvil de Calder.

Suspiros encielados de cerros;
suspiros embelesados de mar;
Valparaíso!

Remolino de aspas multicolores,
tus colinas navegan versos y fantasmas.
Alquimias de olor enquistado en rafias,
y amarras, carcomiendo espumas,
los besos del adiós y del llanto
agónico de espera.

Horizonte enceguecido en la melancolía.
Entre esquinas de amores
arrancados de cuajo se encumbran
los ojos de tus calles, toboganes,
y un cielo empecinado en caer por tus veredas
al abismo de la pasión de un Pacífico
con abrazo de anémona.

viernes 19 de diciembre de 2008

Un Mensaje Para Estos Días de Esperanza y Fe



Dios,

único y plural,
Él, sin Nombre,
y el de Todos los Nombres.

Yo Le nombro con Nueve Voces:
La voz del Descalzo, del Sufriente, del Ignorado;
El Desposeído, El Abandonado, El Sediento;
El Descuidado, El Agonizante, El Desdichado;
todos llevando Su sol en los ojos,
naciendo, con mejillas de rosa o de ébano;
todos bebiendo el rocío de Su cielo,
llevando en los labios el rubor de Sus estrellas,
todos espejos de la infinidad
de una de Sus lágrimas.

Dios,
único y plural,
Él, sin Nombre,
y el de Todos los Nombres.

Pon en tus manos Su gracia, y acaricia; serás un ángel.
Coloca en tu corazón benevolencia; dónasela al mundo.
Lleva entre tus ojos Su visión de unidad; sabrás guiar un rebaño.
Pon entre tus cabellos el perfume de Su voz; tu paso será indeleble.

Dios del ayer,
Dios del mañana,
Eterno de alas,
Eterno de Lunas,
Eterno entre mariposas.
El nace y renace
libre de ti o de mí.

Dios,
único y plural,
Él. Sin Nombre.
El de Todos los Hombres.

Norma Duch Roveri

martes 2 de diciembre de 2008

CIELOS SOLFERINOS

Fotografía tomada desde mi ventana... un atardecer de invierno.


El ulular del bosque desciende por la tarde,
se queda atrapado entre silencio secos
que habitan los rincones de la casa.
Se detiene a perforar agujeros que urden
nuevos lazos de sol en las ventanas,
nuevos cantos con olor a melaza y greda...
porque el bosque vagabundea las orillas del cerro,
le pulsa las sienes a cada raíz que vuelve hoja alada
con los mansos vapores del tibio atardecer.

Se abre la casa.
Como boca fogosa, se impregna de luz,
ventila sus pestañas de alpistes y gorriones,
sus planos y perfiles bailan con mil brazos.
Cobija la voz de los nidos nuevos,
los piares y trinos que sostiene su cabeza en llamas;
cada nube de grana, cada pañuelo,
es viajero de los cielos solferinos ...

Es el bosque que enciende sus aguadas,
derramándose, cual diluvial danza,
dejando las cosechas de milenios de arrebol
a los pies de mi humilde casa.
Norma Duch Roveri

domingo 23 de noviembre de 2008

Nada Para El Alba


Baja por el sendero de la tristeza un hombre triste...
vive su rodar de guijarro,
y con sólo un pan consigue
abrirle al camino un trozo de cielo,
mas solo alcanzará para una noche;
nada ya para el alba,
nada bajo los pies,
ni sobre la lengua...
No le cultivó la vida un techo de estrellas
sino la paja seca que el aguacero empala.

Y sigue su andar bajando cerros, su polvareda
dejando huella en el escarnio que la vida ofrece.
La vida le hizo mal.
No le dio muerte ni al hambre,
ni a su sangrante poncho invernal.
Cumplió el mandamiento obligatorio del perdón,
y, aún así, no encuentra en su piel la promesa,
sigue tropezándose con tierra amarga,
con su historial de costa en pena.

Y comerá carbón,
y beberá salitre,
y nunca lavará sus llagas
bajo el rocío fresco de un limonero.

Norma Duch Roveri

martes 18 de noviembre de 2008

Nocturno


Este nocturno me llegas falto de sazón,
las vísceras me hablan,
pero sin fuerzas,
tu aliento se viene taciturno.

No siempre persistes, Belleza.

No estoy triste,
no estoy desanimada,
no tengo queja ni lamento
ni presunción de verdad para contar,
pero tengo el deseo de versar.

Me columpio en valiente prosa
y luego eres la rosa,
la rima,
el beso...
Verso tirano,
no me dejas ir al reposo anhelado,
al lago en calma de meditar mi mantra,
y sellarme la memoria en un lazo de seda
-mi mudo soliloquio-

Amado, recuéstate y descansa...
surte el firmamento con tus estrellas auras,
que en mi voz ya serás para mañana
nuevo vuelo de silencio liberado
en tu cuerpo de prístino poema.

Norma Duch Roveri

jueves 13 de noviembre de 2008

La Piel Del Alma


La memoria del aroma juega entre los zurcos

arlequín de los bosques tus labios ya dormidos,

el paciente respirar de la alcoba se adormece.


Van náufragos los parpados a encontrar el sueño

de un océano manso donde dejar caer la carne,

la misma que en destellos de arcos

supo pronunciar todo un mudo abecedario,

la misma piel que puse ante tu boca, viva.


Ahora, que se acalla el atardecer dorado,

duerme en mi cuerpo el tañer de tu anclaje,

de temblor alborozado entre nubes y álamos

de inconsciencia y placidez de amor,

de reposo subyugado de besos...


Cuando dos cuerpos desmenuzan sus miedos

hasta tocarse con la piel del alma,

llevan para siempre en los ojos su palabra.


Norma Duch Roveri

sábado 8 de noviembre de 2008

CIERTAS MADRUGADAS



Ciertas madrugadas llegan
con la necesidad de sentirse cómplices
y sobre los senos derramar su voz de arroyo,
de tibio lamer de sol sobre escarcha,
de vapor sublime sobre musgos umbríos;

siento la preñez del río,
la avidez de alimentar los arrecifes
y dejar que los peces pueblen mi bastión marino,
anclaje perfecto avizorando el fondo
del diamante de mi vientre;

siento al final de esta noche
la urgencia de curtirme en las horas del sereno,
y dejar mi piel oreándose al primer sol,
amapola,
desplegando en silencio su verbena,
contemplando cómo se perfila
la última estrella sobre mis piernas.

Norma Duch Roveri

viernes 31 de octubre de 2008

Flor del Aire

Cuando el amor nace grande
se imprime en el perfil de los cerros,
se posa sobre las cumbres y habla
con vientos y mares,
ordena desencadenar dos destinos,
deja soltar amarras que urdió la tierra.

Cuando el amor nace grande,
- nutrido en la greda-
se cuece cada día bajo un cielo de estrellas,
se engendra, lentamente, en lecho de nalcas,
y se dispone, infinito, a sortear los tiempos.

Cuando nace un gran amor,
despierta una esfinge hembra;
Flor del Aire,
le llama el firmamento.
La espiga única de su nombre,
designio de lo eterno,
se prende al pecho de un varón,
su hombre,
volviéndose río la existencia.

Cuando el amor nace grande
no muere con el alba.

Norma Duch Roveri

domingo 26 de octubre de 2008

SON LAS PIEDRAS


En las piedras el vestigio del agua existe.
Es en esa voz, de ausente cristal,
donde una vez fue el charco la piel
desde donde ahora brota el silencio
curvilineo de las cóncavas pozas;
donde el peñón, desnudo, habló
con el roce de las aves,
vistiéndoles de musgo palpitante
en orillas fecundadas por sus pies.
Y es en su lluvia encharcada
donde la pétrea sombra de los hombres
aún busca una luz de identidad.
Son las piedras huella,
son evocaciones...
son las piedras sepultura
con sapiente paciencia de mar;
son un sol menguante
donde aún vibra, cautivo,
un originario dios.

Publicado en Revista ALDABA- #7- Sevilla.
Norma Duch Roveri

lunes 6 de octubre de 2008

El resto...


Claudicante
es el paso con que avanzan los amores,
aquellos que corren,
o aquellos que arrastran historia.
Todos dejan huella a medio hacer... qué torpeza la nuestra.

Me pregunto si alguna vez la marcha
se encumbra liviana,
sin dehiscencias,
sin cabos que aten la mirada al suelo pedregoso.
Qué fácil el vuelo si las alas
no cargan agua entre las horas.

Como un pálido amanecer,
sin ostentar ningún sol,
sin desafiar estíos ni granizos, sin ruido,
grácil, precisa, así es la marcha
solo cuando desde el alma se ama...
el resto, el resto es piel hecha jirones.

Norma Duch Roveri

miércoles 1 de octubre de 2008

VAGABUNDEANDO EL SILENCIO


Regreso, como regresa el ave
luego de migrar en primavera,
como retornan las hojas a la sombra
tras beber la caricia del sol.
Y aquí me encuentro, posándome,
pero sin pies ni espigas en el alma,
sola,
y con el peso de mirar la distancia.
Nada más me queda.
El espejismo de ser se ha vuelto
mutismo entre paredes.
El sueño abandonado
se ha vuelto verdugo de mis alas.
No más migraciones.
No más primaveras.
Dejad que mi alma se acostumbre a vagabundear silencios.
Dejad que las golondrinas píen por mí el beso desterrado.
Retorno al sosegado cauce de este rio árido,
y dejo el tacto de mis manos
en el aire lejano de otras manos.

Norma Duch Roveri

viernes 12 de septiembre de 2008

SI ACASO, ALGO


Desciende,
sobre los pliegos abiertos con tu roce de ave,
y escríbenos los últimos pasajes
que escalen el regreso... di si aún
nos queda algo, si acaso, algo,
y si ese algo es digno de llevar...

las mejillas pálidas del hambre mortecina de un niño;
los labios sin amor que amputan el cariño a cada día vendido;
las miserias que destilan las hojas de los tilos;
el lecho que vio partir la silueta gris de la mentira...

Qué nos llevaremos, ¿qué?
Quizás solo un prado muerto bajo la nieve...
yesca decrépita en las sienes secas de fe,
como lánguida materia, reposada demasiado tiempo,
cuerpos carentes de alas... solo manchas.
Norma Duch Roveri

sábado 6 de septiembre de 2008

INTROSPECTIVA


Salí a descolgar un par de memorias
o a buscar algo entre pasadizos de oxido
con que bordar un rato agradable,
y me encontré devolviendo la mirada
hacia mi misma... no se si por placer
o porque, al fin y al cabo,
no es tan ingrato.

Nunca olvidan estas cuencas corales
su condición de testigos de mi historia.
Ojos, flotando, como nenúfares del tiempo...

...siguen observando sin otra pretensión más
que reconocerse en el cielo interno.
Así, también, dejo estos versos.

Y tengo los ojos dados vuelta,
mas no duelen, cómo van a doler
si estoy mirando un corazón reposado,
con su cráter pacífico rodeado

de las lavas que algún día fluyeron
caramelizando pampas áridas,
glaseando caricias insípidas, cultivando

los páramos deshabitados de sentimientos;
desbordándose para latir por otros.

Creo que hay más de un tesoro en este océano,
- oculto humildemente entre sombras de Peumos -
mojado, y cálido al paladar, y que sigue

latiendo como los viñedos eternos,
saboreando su propio tiempo
sobre estos palafitos aún en pie
-hundidos en tantos charcos ajenos-
y que cual fudres generosas macerando siguen

empapándome de vida.

Mis manos se abrazan a cada beso añejado en él;
y cuántos anidaron en suave hojarasca...
y cuántos dejaron pálida cicatriz de hiel...
mas todos fueron besos del alma.

Sigo... saludablemente continuo

este paseo testimonial,
sin perder de vista que tengo el corazón
bombeándome palabras,
y que no estoy sola... de los ojos para afuera...
y como no quiero invadir la privacidad

de tan delicado órgano, me detengo
cuando comienza a acelerarse.


Poema publicado en mi libro Eterna Pleamar.

Derechos Reservados.

Norma Duch Roveri

martes 2 de septiembre de 2008

SIN RESONANCIA


Se anudan en enjambre las púas del silencio;
qué bien saben hendirse en el corazón de los ojos.
Ojos vacios en la distante silueta de un recuerdo
que ya no proyecta sombra
ni aprieta el pecho...

- los cristales vibran sin resonancia, y las flores,
habitan en luz sin agua-

Las miradas carecen del encuentro, se desgastan,
son un pálido paisaje tras el vaho de aquella visión,
visión que hoy ya no arranca una lágrima.
Las veletas del destino se vuelven rancia historia,
flamean sin alma, sin dedos de Norte ni Sur ni esperanza,
solo se sostienen porque un mástil de hierro les arraiga,
una insignia que les apunta en la frente una firma,
firma que borró su palabra, volviéndose antónimo.

Cuando el silencio conquista el territorio de los ojos
y la presa que el halcón del amor otrora devorara
yace muerta sobre un lecho sin sangre,
se apaga, como un cirio sin aire,
el único propósito que un día sentenció
este trayecto a dos manos,
dejándolo sobre la mesa de los años
con la cena servida, y esperando,
inútilmente,
a sus comensales.

Norma Duch Roveri

domingo 24 de agosto de 2008

UN VERSO MÁS


Cuando la última campanada muerde la estrechez de la tarde
y en el fuego de las horas se pierden todas las dudas del día,
me vengo a detener sobre la marcha que he dejado atrás,
- reguero de adioses sobre lomajes verdes-
donde plantara alguna vez mi pecho de poema blanco;

se apagan las voces de la tierra para estos ojos de agua
-borrachos de antiguos licores urdidos bajo una luna joven-
que me vieron desvanecer bajo la manta fresca de los tilos,
dejándome crecer, como bruma, hasta volverme sutil silueta;

cuando el ocaso me dice que ya el oráculo detuvo mis siglos
y se abre la verdad de cada historia en mi ardida y vivida,
sé que debo pronunciar un verso más,
y dejarlo manar desde las aguas de este árbol hembra que me aloja,
con la palabra, como fruta en la boca, y el amor como raíz perpetua.


Norma Duch Roveri