
Me perfilo ante la existencia como un reloj inverso.
Voy dibujando mis pasos con la plenitud
de saberme muerta luego de nacida,
desanudando el telar de la vida.
Los días se vuelven escabel a lo profundo,
dirigen el rostro hacia un futuro perfectamente cierto.
Los ocasos son amaneceres cuando el tinte del cielo
lleva mi nombre en cada nube - viajera melancólica-
y en cerros quietos que despiden el pasar de la tarde
con olor a greda, y a muerte.
La vida es mi estación de acopio donde paso
acomodando el lastre, cual marinero ebrio,
descargando las miradas, como si fueran peces,
algunas encendidas, brincando, otras, ya rendidas.
La espiral sin fin que penetra el muro del tiempo
persigue incansable saciarse en la cuenca de mis manos,
y vaciar el lastre que carga con muescas
que han quitado lustre al sabor de mi palabra,
pero en el diario fallecer de lo caduco en mi pecho
así como en los nidos secos que dejó el verano,
han de habitar nuevas golondrinas.
Me acomodo ante el saber que ya no fui…
el tiempo de ser alpiste se va con el viento,
o con las aves.
me contento ante la evidencia de que si fui…
habrá un libro que guarde entre sus pieles
el pétalo de un beso mío;
me conformo ante la convicción de saber que soy …
y que el reloj, con certeza, no cambiará su rumbo.
Mi vida es prisma de una sola faz.
Norma Duch Roveri


















